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La investigación pública y privada, con Inés Macho-Stadler

La Dra. Inés Macho-Stadler es profesora de Economía en la Universitat Autònoma de Barcelona. Doctora por la École des Hautes Études en Sciences Sociales, ha estudiado durante los últimos años la colaboración entre universidad y empresa, así como los incentivos en la investigación. En esta entrevista a Enzymm, la Dra. Macho-Stadler reflexiona con nosotros sobre el estado actual de la investigación pública y privada a nivel estatal, sin perder de vista la situación en el marco internacional.

La Dra. Inés Macho-Stadler, en su despacho del Departamento de Economía y de Historia Económica de la Universitat Autònoma de Barcelona.
La Dra. Inés Macho-Stadler, en su despacho del Departamento de Economía y de Historia Económica de la Universitat Autònoma de Barcelona.

-¿Cómo valoraría la relación entre la investigación pública y la privada?

-La relación entre los dos mundos no es fácil. Están a menudo muy separados por los objetivos de cada uno de ellos y los puentes son escasos (y el idioma que hablan los dos mundos a veces no les ayuda a entenderse). Desde el punto de vista de la investigación académica, la perspectiva que mejor conozco, a pesar de los beneficios potenciales, existen también dudas sobre la colaboración con la industria. Algunos piensan que existen peligros  en la colaboración entre la universidad y la empresa como, por ejemplo, que los problemas estudiados se desvíen hacia investigación de carácter más práctico, o que el saber generado quede retenido hasta que la empresa haya conseguido sacarle rendimiento. Por otro lado, los investigadores del sector privado y sus colaboradores pueden estar sujetos a cláusulas que les impiden publicar los resultados, o al menos publicarlos en un plazo corto.

Si hablamos de patentes, en las obtenidas en el sector privado, muy a menudo, el nombre de los investigadores no aparece. Aparece a nombre de la empresa en la que se ha realizado la investigación. Por otro lado, cualquier descubrimiento patentable que se haga en la universidad pertenece a la universidad. Sin embargo, en el caso de la universidad muchos investigadores no están particularmente interesados, o no conocen bien el proceso para registrar una patente. En el caso de colaboraciones, existe la preocupación de cómo asignar los derechos de propiedad entre empresa y universidad. Tanto para las patentes de innovaciones universitarias, como para las que se obtienen en colaboración con la empresa el papel de las OTRIs (Oficinas de Transferencia de los Resultados de la Investigación) es crucial para su éxito. Sin embargo, en muchos países las OTRIs tampoco están especialmente preparadas para esta labor. Bueno, con excepción de las del mundo anglosajón.

“La colaboración universidad-empresa es una asignatura pendiente”

Las empresas, en cambio, sí que saben realizar mejor ese tipo de trabajo ya que es vital para ellas. Por eso, aunque la colaboración parece una asignatura pendiente con la que la sociedad puede mejorar considerablemente, se debe realizar en condiciones adecuadas para establecer la colaboración en términos en los que ambos mundos se beneficien.

-¿Entonces cuál es el papel de la OTRI en el desarrollo de patentes?

-Muchas OTRIs no están preparadas, en términos de personal y conocimientos, para realizar esta labor. Por un lado no saben qué posibles aplicaciones tienen los resultados que obtienen los investigadores. Por otro, muchas veces no saben qué resultados han conseguido los investigadores. Claro que la OTRI tiene que ayudarles, pero para que su intervención sea más relevante la OTRI tiene que ser suficientemente buena como para saber qué descubrimientos merecen ser patentados y qué investigaciones no valen la pena; y qué posibilidades de aplicación a la industria pueden tener para establecer acuerdos de cesión de estas patentes. Recordemos que las innovaciones son legalmente propiedad de la universidad.

Las OTRIs han de tomar muchas decisiones y necesitan mucho dinero y personal para hacerlo bien. Por ejemplo, cuando se patenta, no se hace en todos los mercados; tienen que saber escoger en cuántos hacerlo, han de tener mucho cuidado con citar otros trabajos para evitar conflictos…  Esto es algo a lo que están acostumbradas las empresas.

“La OTRI tiene que ser suficientemente buena como para saber qué descubrimientos merecen ser patentados y para qué investigaciones no vale la pena”

-Entonces, la universidad no puede competir en este terreno con el sector privado.

-No necesariamente. Para competir, pero también para colaborar con el sector privado,  tienen que dedicar importantes recursos a este objetivo. En la Universidad Católica de Lovaina, por ejemplo, la OTRI la dirige un ex-gestor del mundo privado, una persona entrenada en el mundo profesional. La OTRI de la Universidad Católica de Lovaina fue creada en 1972 y tiene un equipo multidisciplinar, en el que hay integradas personas de formación académica de alta cualificación.  Además de transferir tecnología apoya, gracias a acuerdos estables con bancos, las start-ups de la universidad. La universidad es también suficientemente flexible como para cambiar las condiciones de trabajo de los investigadores involucrados en estas actividades.

“La OTRI de la Universidad Católica de Lovaina tiene contratado a un número importante de doctores en ciencias que se dedica a visitar los departamentos y hablar con los jefes de grupo. No obstante, siempre es difícil que los investigadores expliquen en qué están trabajando, ya que todo el mundo es muy celoso de lo que está haciendo”

La OTRI de la Universidad Católica de Lovaina no solamente se autofinanza, sino que es responsable aproximadamente de un tercio de los fondos de investigación que maneja la universidad. Ofrece soporte secretarial y técnico, pero también tiene contratado a un número importante de doctores en ciencias que se dedica a visitar los departamentos y hablar con los jefes de grupo para preguntarles qué están haciendo, qué tal les van las cosas… y luego intentan establecer contactos con la industria. No obstante, siempre es difícil que los investigadores  expliquen en qué están trabajando, ya que todo el mundo es muy celoso de lo que está haciendo, sobre todo antes de que esté publicado. Pero si hay una buena relación con la OTRI, en el caso del que estamos hablando el grupo recibe importantes recursos si los resultados se patentan y comercializan. En todo caso, lo cierto es que ahora esta OTRI tiene mucha reputación y maneja muchísimos recursos. De ella han salido algunas spin-offs que han sido muy exitosas.

También hay que considerar, como decía antes, que algunas universidades tienen mucha más libertad en cuanto a rebajar carga docente o administrativa para poderse dedicar a la investigación; o en cuanto a dedicarse a tiempo parcial a la universidad  durante una época (pero en buenas condiciones) para poder investigar en una start-up de la universidad. En España, sin embargo, si alguien piensa en hacerlo, no puede tener su tarea habitual rebajada, y deberá elegir entre dedicarse a ello renunciando a una gran parte de su sueldo, o bien dejar pasar esa oportunidad.

¿Y cómo funciona el sistema americano?

En Estados Unidos la situación es muy diferente, porque no funcionan con fondos estatales ni basados en el sistema de investigadores funcionarios como nosotros. Allí, las universidades de mayor calidad son privadas y se gestionan con fondos privados, siendo el rector un gestor en realidad. En nuestro caso, lo habitual es que las de mayor calidad sean las públicas, por lo que se gestionan en la misma línea que los entes públicos, con todas sus ventajas y sus desventajas. Se nota un menor espíritu emprendedor y, a efectos prácticos, la tendencia a dar un trato más igualitario a los distintos grupos o departamentos, acaba castigando al que realmente quiere hacer algo innovador.

“En España se nota un menor espíritu emprendedor y se tiende a dar un trato más igualitario a los distintos grupos o departamentos”

-¿Cómo se plantean las colaboraciones universidad-empresa a nivel internacional?

Para empezar, en algunos países las empresas buscan doctores en ciencias. Para las empresas españolas este título parece ser un punto negativo, posiblemente porque se presupone que implica un menor compromiso con el sector privado, otro tipo de ambiciones… También es cierto que tenemos menos empresas con una base de investigación fuerte, y esto es un factor a tener en consideración.

Por otro lado, hace poco estudiamos a un grupo de ingenieros de las universidades inglesas, observando cómo afectaba a su producción el hecho de que hubieran colaborado con empresas o no en su investigación. El resultado que obtuvimos fue que la respuesta dependía del tipo de empresas con las que colaboraban. Si colaboraban con empresas punteras en tecnologías y con un buen equipo de i+d, y en las que los empleados publicaban también en revistas científicas, entonces los investigadores académicos publicaban muchos más artículos. Pero si colaboraban con empresas que no estaban acostumbradas a hacer investigación, su producción se reducía. Lo importante no es colaborar con una empresa o no, sino con qué tipo de empresa colaboran.

-¿Entonces no siempre es positiva la colaboración universidad-empresa?

Como todo, depende de con quién se colabora y en qué. Hay algunas voces críticas que apuntan que si un grupo trabaja en colaboración con una empresa, el tipo de preguntas que se plantea está sesgado a las aplicaciones que pueda tener esa línea de investigación. Hay investigaciones que pueden ser muy ambiciosas pero que no tienen un gran valor de mercado, o por lo menos no lo vemos ahora, por lo que al final en la colaboración con las empresas se acabará buscando otras líneas de investigación. Muchas personas piensan que la ciencia básica que se hace en la universidad puede responder preguntas que ni se plantearían si se trabajara en el sector privado, ya que éste, como le corresponde, busca obtener valor en el corto-medio plazo. Pero también es cierto que trabajando con las empresas se plantean cuestiones prácticas muy interesantes y se establecen otros tipos de contactos que pueden ser muy provechosos.

“No se puede quitar a la universidad ese campo de investigación más teórico, menos práctico; es una parte muy importante de su función, a parte de la formación de capital humano”

-¿Estaríamos ante la distinción entre ciencia básica y ciencia aplicada?

-Deberíamos de superar estas categorías; toda la ciencia puede tener una aplicación a corto o a largo plazo. Lo que no se puede hacer es dejarnos llevar por el pragmatismo y quitarle a la universidad ese campo de investigación más teórico, menos práctico… Es una parte muy importante de su función, aparte de otros papeles que a veces olvidamos, como es la formación de capital humano.

Los economistas tenemos muy presente que la innovación tiene una característica muy particular y es que, mientras se está investigando, se están soportando todos los esfuerzos y los costes. Cuando se logran los objetivos, lo mejor sería hacerlos públicos (en la universidad lo habitual cuando se descubre algo es publicarlo), pero si el sector privado soporta los costes, lo que quiere es sacarle rendimiento. Y si el rendimiento no está lo suficientemente cercano en el tiempo, a las empresas no les interesa invertir en ese conocimiento, por lo que sólo puede invertir alguien que o bien piense a muy largo plazo o bien a quien le muevan valores que no son puramente comerciales, como la generación de ciencia para la sociedad, el prestigio, la formación de capital humano… Y esto es lo que hacen los investigadores en las universidades.

“Sacar la investigación básica de las universidades sería un error”

Sacar la investigación básica de las universidades sería un error porque nadie la haría y está demostrado que los países que son mejores haciendo ciencia básica son los mejores desarrollando tecnología también. La evidencia empírica señala también que los mejores investigadores son a menudo los que tiene buenas conexiones con las empresas, porque en entornos en los que las empresas colaboran con académicos para realizar innovaciones importantes para sus negocios prefieren trabajar con los mejores.

Entrevista: Jordi Mora Casanova
jordi.mora@enzymm.com
Enzymm
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