Corina Amor Vegas es graduada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), España. Durante sus estudios realizó numerosos trabajos de investigación científica en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de Madrid, España, en la Escuela de Medicina de Harvard en Boston, EE.UU., la Universidad de Oxford, Reino Unido, el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, por sus siglas en inglés) en Heidelberg, Alemania y el Instituto Karolinska en Solna, Suecia. Actualmente está cursando el tercer año de doctorado en Biología del Cáncer en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK), Nueva York, EE.UU.

Imagen: María Puig de Torres-Solanot
¿Qué fue lo que le hizo interesarse por la investigación científica?
La curiosidad por entender cómo funciona el organismo, los mecanismos de las patologías y cómo desarrollar nuevos tratamientos. Cuando llegué a la Facultad de Medicina, en la Universidad Complutense de Madrid, me encontré con que las clases eran terriblemente teóricas, dogmáticas y se basaban únicamente en memorizar conceptos. Para mí eso no era suficiente, así que empecé a merodear por laboratorios y finalmente acabé compaginando la carrera con el laboratorio durante cuatro años en el CNIO.
¿Cuándo fue la primera vez que entró en un laboratorio y cómo lo logró?
Mi primera experiencia fue en primero de carrera, en el laboratorio de bioquímica de la Facultad de Medicina donde estuve unos cuatro meses. Mi mentora me enseñó mucho, pero los medios eran muy limitados. Los laboratorios seguían teniendo las mismas infraestructuras que a mediados del siglo XX y rápidamente comprendí que, si quería hacer investigación científica puntera, debía ir a uno de los centros nacionales. Por ello, cuando empecé segundo de carrera, entré en el laboratorio de Mariano Barbacid en el CNIO.
¿Qué fue lo más positivo de su experiencia como investigadora en España? ¿Y lo más negativo?
Lo más positivo: los científicos en España están muy motivados. La investigación es una carrera muy vocacional y, por supuesto, esto no es exclusivo de nuestro país, pero el hecho de que las condiciones en España sean, desgraciadamente, tan precarias (con contratos de 900€ al mes como pre-doctoral) y que aun así veas a todos estos investigadores completamente motivados y dedicados a su trabajo, me transmitió que era algo que realmente les apasionaba.
“Nunca vas a descubrir algo realmente novedoso, si solo haces experimentos y proyectos seguros”
Lo más negativo: la limitada financiación. La mayoría de los grandes proyectos en España se financian con becas europeas, no nacionales. También me pareció negativa la excesiva burocracia y la mentalidad cerrada. En España existe una tendencia a tener que justificar por adelantado absolutamente todo. Pongo un ejemplo: cuando solicitas una beca, tienes que especificar paso por paso qué es lo que vas a hacer en el proyecto. En EE.UU. es completamente distinto, tiene mucho más peso tu visión global de la ciencia y tu proyecto a largo plazo. Porque en el caso de la ciencia básica, si ya sabes cuál va a ser el resultado de un proyecto antes de hacerlo, entonces no deberías hacerlo. Por definición, nunca vas a descubrir algo realmente novedoso si solo haces experimentos y proyectos seguros.
¿Cómo comenzó a investigar en el extranjero?
“Fuera aprendí sobre la forma de entender la ciencia y la vida como científico.”
Mi primera experiencia fue en el programa de verano del Imperial College en Londres, durante el verano de mi primer curso de carrera y posteriormente procuré buscar becas y aprovechar todos los veranos para irme a explorar laboratorios en otros países. He estado en la Universidad de Oxford, la Escuela de Medicina de Harvard, el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) y la Universidad Karolinska. En estas estancias aprendí muchísimo, no solo sobre ciencia y de técnicas de laboratorio en sí, sino sobre la forma de entender la ciencia y la vida como científico. Me ayudaron a abrir la mente y fue uno de los principales motivos por los que decidí que quería hacer el doctorado fuera de España.
¿En qué país de los que ha trabajado diría que está mejor valorada la figura del investigador y la innovación en la ciencia de la salud?
Sin duda alguna en EE.UU., porque existe un gran interés e inversión en este campo y se entiende que la ciencia y la investigación generan un gran beneficio en la sociedad que revierte de forma significativa a nivel económico sobre el país.
¿A qué dificultades se ha tenido que enfrentar en cada punto clave de su trayectoria profesional?
Lo más difícil ha sido, es y será el hecho de que en España no existe la figura del physician-scientist. Y tampoco se cree en ella. Un physician-scientist es un médico que tiene también un doctorado en investigación básica traslacional y que dedica un 75% de su actividad laboral a dirigir un laboratorio especializado en la materia y un 25% a la actividad clínica atendiendo a un grupo concreto de pacientes.
“Estamos veinte años más atrás que nuestros vecinos respecto a la educación de los physician-scientists“
En España estas dos actividades tienden a estar muy separadas y desde la parte médica se hace principalmente investigación clínica (ensayos), pero no básica. Además, por desgracia, en caso de querer hacer ciencia básica, es común la opinión de que un médico no necesita un periodo de tiempo para aprender a hacer buena investigación básica traslacional, sino que esto es algo que puede aprender espontáneamente después de su residencia (generalmente en torno a los treinta años de edad). Durante la carrera tuve que defender y explicar constantemente a mis profesores y compañeros por qué era importante que un médico tuviera una buena formación científica. De hecho, cuando acabé la carrera y decidí irme al MSK para hacer un Ph.D. en Biología del Cáncer, a muchos les pareció una locura. Esto demuestra que, en España, a diferencia de países como EE.UU., Alemania o países nórdicos como Finlandia, Suecia, Noruega, etc., no existe ningún programa combinado de M.D.-Ph.D., es decir, un Grado en Medicina y un Doctorado en Investigación Básica. Estamos veinte años más atrás que nuestros vecinos respecto a la educación de los physician-scientists.
¿Cuál ha sido la lección más valiosa y dónde la aprendió?
Si crees tener una buena idea, ponla a prueba, a pesar de que haya gente que intente disuadirte y darte mil explicaciones de por qué no funcionará. Si tienes una buena hipótesis, haz el experimento y analiza los resultados. Esto es algo que aprendí por primera vez en Boston: cuando el investigador con el que trabajé propuso inicialmente su proyecto, nadie creyó que funcionaría, pero el continuó y puso a prueba su hipótesis con varios experimentos. Finalmente era cierta y acabó publicando un artículo en la prestigiosa revista de biología molecular, Cell. Y es algo que, en lo que llevo de carrera científica, he visto una y otra vez. Es importante pensar todos los pros y contras de una hipótesis, pero al final del día, solo sabrás si es cierta o no si lo pruebas con un buen experimento. Hay que lanzarse a la piscina. Porque de nuevo, si solo haces experimentos o proyectos seguros de los que ya sabes la respuesta, nunca encontrarás nada interesante.
“Si crees tener una buena idea, ponla a prueba, a pesar de que haya gente que intente disuadirte y darte mil explicaciones de por qué no funcionará”
Dígame tres palabras con las que definiría cómo es trabajar en Nueva York y qué principales diferencias observa en comparación con trabajar en España.
Intenso, creativo y competitivo.
Una de las diferencias es la financiación. Cuando empiezas un proyecto o una etapa científica aquí, en EE.UU., esta es tu última preocupación. En España es la primera. En mis años en el CNIO recuerdo constantemente periodos en los que la financiación de los laboratorios estaba en peligro, o había despidos constantes de profesionales altamente cualificados. Esto, por un lado, es una preocupación porque no sabes si vas a tener trabajo al año siguiente y una limitación de los proyectos por no poder realizar los experimentos necesarios. En EE. UU., ni la financiación del personal ni del laboratorio son un problema, tampoco un tema que esté constantemente en nuestra mente.
Otra diferencia es la mentalidad. Una de las cosas que más aprecio de EE. UU. es que no hay proyecto demasiado grande, ni demasiado arriesgado y así es como se llega a los grandes avances.
“En mis años en el CNIO recuerdo constantemente periodos en los que la financiación de los laboratorios estaba en peligro, o había despidos constantes de profesionales altamente cualificados”
¿Cuál es su objetivo a alcanzar en este campo?
Me gustaría que mis investigaciones acabaran contribuyendo y teniendo un impacto real en el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer. También, en el futuro, me gustaría dirigir mi propio grupo de investigación.
¿Querría volver a España para importar lo que ha visto en EE.UU.?
Por un lado, sí. Me gustaría volver, crear un buen grupo de investigación traslacional al estilo de EE.UU. y contribuir a que dentro de veinte años en España haya una tradición de physician-scientists, que se ofrezca estudiar esta especialidad en las universidades y que el concepto no sea extraño.
Por otro lado, siendo completamente honesta, la excesiva burocracia, la falta de financiación y el desinterés en la ciencia, son factores que pesan cuando piensas en volver. Creo que España, en ciencia, tiene todavía mucho camino por recorrer, pero sí me gustaría contribuir de alguna forma en su proceso.
“La excesiva burocracia, la falta de financiación y el desinterés en la ciencia, son factores que pesan cuando piensas en volver”
¿Qué aspectos le gustaría que cambiasen en el ámbito de la investigación científica en España?
Me gustaría que se ampliara la inversión en ciencia y se flexibilizara la burocracia. También que se normalizara la figura del physician-scientist y que se creara la opción de hacer un M.D.-Ph.D. combinado.
¿Qué cree que podrían aprender los científicos americanos de los investigadores científicos españoles?
Supongo que a trabajar con menos financiación y con más hipótesis dirigidas. Me explico: en ocasiones, un problema asociado a tener una enorme financiación es que, en ciertos casos, se puede caer en la tendencia de abordar un enfoque simplemente descriptivo. Por ejemplo, cuando la secuenciación se hizo relativamente accesible, hubo unos años donde todas las semanas se publicaba un artículo en Nature, Cell, Science y más revistas, simplemente describiendo la secuenciación de un tipo de cáncer. Aunque estos datos son necesarios, muchas veces estos proyectos no aportan nada más que los datos en sí y se convierten en una forma sencilla de conseguir una gran publicación. Este tipo de estudios son muy importantes y no me gustaría que se malinterpretaran mis palabras, pero quiero destacar que, en la historia de la ciencia, algunos de los descubrimientos más transcendentes se han hecho con técnicas tan básicas como la cromatografía y la electroforesis, porque el experimento y la hipótesis estaban muy bien definidos y pensados previamente; y precisamente esto es lo que se hace muy bien en España.
Entrevista: María Puig de Torres-Solanot
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